miércoles, 22 de julio de 2009

La perdió, pero ganó...

En agosto, el 13, Manu, mi primer hijo, cumplirá seis años. Pinta sus días de infancia de ratos alegres. Pero ayer la pasó mal. El enano me llamó al celular, y llorando me dijo: papi, me duele la muela, parece que la perderé. La tarde se me iluminó, la joda del trabajo de pronto se aligeró, y me alegré porque el “Chucky” compartió conmigo su dolor, me empaquetó algunas lágrimas para llorar con él. “No sé si pueda resistirlo papá”, insistió Manu, acorralándome contra la pared, y apurando un consejo que calme la odisea del primer diente perdido.
Había pasado bastante tiempo desde que a mí me sucedió, y la experiencia más cercana era la de mi hermana menor que ahora tiene veinte años. En un segundo -a lo Oliver Atton de los Supercampeones cuando va a disparar el tiro con efecto- recordé que mi mamá con caricias en mi cabeza se limitaba a consolarme cada vez que veía disminuida mi dentadura de niño, mientras mi papá que hacía notar que a diferencia de otras cosas que perdemos, aquellos dientes volverían un tiempo después.
Traté de remedar la receta de mis viejos, que entiendo surtió mediano efecto conmigo. Pero a Manu, poco le importaba si su diente volvería, simplemente no quería despedirse de él. Y no es que le tuviera aprecio a aquel diente en agonía, sino que le aterraba la idea que en el colegio sus compañeros de clase lo jodieran por el extravío involuntario de su muelita.
Las vacaciones forzadas por la gripe AH1N1 aplazarían la joda por una semana más, pero Manu tenía razón: en algún momento, uno de esos niños despiadados advertiría que el flaco perdió el diente, e inventarían una joda quizá más ingeniosa a la antiquísima Cindy (de sin dientes) o cierra la ventana (por la apertura en la dentadura). Era inevitable ser el blanco de las burlas en el aula donde Blanca Nieves o el Oso Pooh, pegados en la pared del salón, podían hacer poco por rescatar a Manu de la avalancha de jodas fabricadas por manos pequeñas.
Es cierto, con Manu tenemos diferencias de ideas, centradas básicamente porque él -con un criterio obtuso e infantil- decidió ser hincha de la U, y yo soy aliancista a morir. Pero en lo que coincidimos es en que nos amamos hasta la eternidad, y quizá, un poquito más allacito. Y por eso, no podía sumarme a la burla, y hacer leña de la muela caída. Tenía que inventar algo y rápido, porque Manu oía mi silencio responderle por el celular.
“Papá, estas ahí”, preguntó Manu, recriminando con delicadeza mi ausencia en la conversación. “Sí, mi amor”, respondí. “Y qué hago con el dolor de muela, no quiero que me la saquen”, dijo, volviendo al ataque de las preguntas. Así que recurrí a la historia del ratoncito, ese personaje cómplice que a cambio de llevarse el diente de tu hijo le ofrece al inocente embaucado, algo de dinero para no alargar el llanto. Lo jodido de este trueque es que es financiado por los padres.
Con Manu aún preocupado por su destino en las próximas horas, me dediqué a explicarle -a través del celu- la negociación que haríamos con el ratoncito, y el aporte que debía hacer, como una suerte de inversión que luego recuperaría con creces.
“Escucha con atención rey: Es cierto que cuando pierdas tu muelita, te dolerá, pero hay una buena noticia”, le dije a un intranquilo Manu. ¿Qué?, preguntó. “Cuando se caiga tu diente, podrás colocarlo bajo tu almohada al momento de ir a dormir, y al despertar al día siguiente, encontrarás algo de plata que un ratoncito te dejará a cambio de tu muelita que se llevó”, le dije a Manu, procurando no obviar ningún detalle sobre el trato con el roedor invisible. “Ok papi”, sentenció Manu.
Al llegar a casa por la noche, Manu me recibió con una sonrisa distinta, a lo Chilindrina, sin el diente que lo acompañó por algunos años. Luciana, mi esposa, me narró cómo Manu huía del dolor, cómo se trepaba por las paredes, hasta cuando cayó rendido y perdió el jodido diente.
Manu, atento a la negociación clandestina que hicimos por teléfono, y a la que sumamos luego a su mamá, me mostró el diente que despediríamos antes de esconderlo bajo la almohada. Tomó su leche, se lavó los dientes que sobrevivieron, y camufló la muelita bajo su almohada, no tan al fondo, como para que el ratoncito la encuentre fácil y pueda dejar el billete.
Con Luciana, por la madrugada, retiramos la muelita mientras el flaco soñaba con vacacionar en el Caribe, y depositamos el dinero como lo habíamos pactado -indirectamente- con Manu. No precisaré cuánto ingresamos a la inaugurada cuenta corriente de nuestro hijo, pero no pecamos de avaros. Sólo espero que este negocio no le resulte rentable a Manu, y no se auto-reviente los dientes para costear sus gastos… Te amo rey.

miércoles, 15 de julio de 2009

Se escapó de llamadas recibidas…

Sara le entrega su celular a Lucas. Le pide que lo cheque. El revisa y no encuentra ninguna alteración aparente. Ella insiste y le pide ingresar a la bandeja de “llamadas recibidas”. Lucas sigue la ruta trazada y al repasar la lista encontró llamadas retenidas, de amigos de Sara, de su padre, de compañeros del trabajo. Y al no ver nada extraño, preguntó qué debía pillar en medio de su sorpresa. ¿Hay alguna llamada tuya?, le preguntó Sara a Lucas. “No”, respondió él. “Que no se repita que pase un día y no me llames”, replicó Sara. Entonces él, para parchar el roche, toma su celular y a un paso de ella, la llama. Sara contesta y atiende el pedido de Lucas de invitarla a salir, a lo que ella responde con una sutil choteada, diciendo que le encantaría, pero “tengo una reunión de trabajo”. Luego Sara partió con una sonrisa dibujada en su rostro de ángel, y con el celular cómplice en la mano.
Pueda que crean que Sara es una mujer posesiva, absorvente, que quiere que Lucas esté siempre al pendiente de ella, que no trabaje, y si respira, que sea por ella. Pero no, no es así. Es una mujer que sintonizó su corazón con el de Lucas, rindiéndose al amor que él le inspira. Sara, ha demostrado con hechos y no palabras, que ama a Lucas, y él, se esfuerza por hacer lo mismo, pese a que la ama con intensidad inmedible.
Moriría en el intento de narrar las infinitas horas de amor e historias intermedias que Sara y Lucas vivieron juntos. Sobreviviré al contarles que ambos empezaron a pellizcarse los brazos, luego a puntearse con lápices en el ojo, y finalmente lanzarse piedras al corazón. De pronto, parieron heridas engendradas por las broncas. Todo cambió. Ya nada era igual.
Recuerdo haberle oído decir a Sara que si Lucas saltaba a un abismo sin paracaídas, ella iba tras suyo y sin alas. O que si a Lucas lo herían de un balazo, ella sangraba. Lucas por su parte, le regaló un mapamundi hecho globo, y le pidió girarlo para luego frenar con su dedo en el lugar en el mundo donde irían a vivir su amor, a solas, lejos de la mierda que los perseguía. Y es que el suyo era un amor imposible por terceros, no por ellos.
La última vez que hicieron el amor, Lucas dejó huir una lágrima. Ella, después de aquella noche, le regaló un abrazo, y le prometió que nunca lo olvidaría, que aunque desfilen algunos otros hombres en su andar por este mundo, él sería el amor de su vida. Lucas se vistió con la tristeza en los bolsillos, porque no volvería a ver el lunar en su espalda.
El primer día después del adiós fue terrible. Ambos querían tomar el celular y llamar al otro. Se contenían. Luchaban contra ellos mismos, y lloraban. Era inevitable no extrañar, era harto fácil recordar, y menos complicado, no sufrir. Se resistían a ser consolados por manos amigas, pateaban piedras y latas mientras caminaban por calles vacías como su corazón que desalojó al amor invasor.
Cumplido un mes desde la lágrima de Lucas, Sara checó las últimas llamadas recibidas en su celular. Lucas no estaba en la lista. Lucas se escapó de la bandeja de llamadas recibidas, y se escondió en la ducha, aferrado a la amargura del fin de una historia repudiada, odiaba por la broma pesada que le jugó la vida, y él mismo.
Todos alguna vez hemos tropezado con el punto final de una historia, hemos protagonizado desenlaces llorones, y hemos gritado en el silencio por la rabia contenida de no poder recuperar lo imperdible. Me ha pasado a mí, y te ha pasado a ti que me lees. Posiblemente vuelvas a revisar tu celular, y el o ella, habrán huido con Lucas de la bandeja de llamadas recibidas.
A veces es válido aplicar la fórmula del payaso: reír mientras tu corazón y alma lloran. A veces es bueno dejar partir a los recuerdos que a diario nos martirizan. A veces sería estupendo no revisar más las últimas llamadas en el celular, y timbrarle a la felicidad que está de vacaciones. Quizá vuelva, quizá no. Suerte amigos…

PORSIACA. El último miércoles mientras alistaba un nuevo post me asaltó la mierda por un problemilla que afortunadamente maté. Eso me impidió escribir, mi mal humor me detuvo. Me disculpo en caso hayan esperado el post de la semana pasada y no lo encontraron. No volverá a suceder.

miércoles, 1 de julio de 2009

Mamacita con corazoncito...

Es guapísima, extremadamente bella, de curvas infernales y angelicales, es el dibujo perfecto de un sueño inolvidable, es de esas mujeres con las que cualquier hombre quisiera estar. Pero justamente eso es lo que ella detesta, odia que los chicos se le acerquen con la única intención de querer hacer cositas ricas. Y le jode, porque no es de las chicas que estilen tirar con uno y otro, es de las chicas que hasta antes de las múltiples decepciones amorosas -en los últimos cinco años- soñaba con el príncipe azul, pero entiendo ahora que alguien lo bajo del caballo.
Si tuviera que lanzar una moneda a la pileta y pedir un deseo, sería el no ser vista con ojos mañosos, de esos que la ven desnuda caminando por la calle, o sobre una cama, jadeando deseosa. Quisiera -con justo derecho de mujer- que le lleven flores, le dediquen poemas, canciones, ir al cine, a la playa, al parque, recibir serenatas, ser la media naranja de alguien, pero claro, sin que el conquistador disfrazado mire de reojo al depa o el hotel al quiere llevarla entre coqueteos y empellones.
Las veces que ella se enamoró se topó con unos tipejos, la engañaron, la sedujeron con el malévolo y pre fabricado propósito de llevarla a la cama. Algunos pocos -sospecho- lograron presentarse como hombres enamorados, encandilados por su corazón. Y ella, confiada en ese amor mentiroso, posiblemente se entregó, pero luego descubrió que ellos sólo querían intimar.
No pretende ser monja y tiene claro que seguirá saliendo a discotecas los fines de semanas y cheleará con sus amigos, pero nunca más quisiere sentirse en el mismo nivel que preservativo, no quiere que la usen y la desechen. No permitirá que ningún otro sujeto la maltrate, se protege siendo indiferente y dispara contra el príncipe que cabalga hacia ella.
Quiere, pero se rehúsa a creer en palabras bonitas, pues comprende que los chicos la utilizan para programar un tour sexual con ella, y sin consultarle. Aún gusta de los chicos guapos, pero de ellos, dice que son los peores.
Sabe que no puede retroceder el tiempo y vivir eternamente como niña, lejos de las curvas que enloquecen a los chicos con los que se cruza. A veces llora porque quisiera volver a jugar a las muñecas, pero no que jueguen con ella. Planea no tener hijos y seguir criando a su perrita. Y morir a los cincuenta, pues dice que no tolerará las arrugas en su rostro y cuerpo, y menos, los achaques que le regala la ancianidad.
“Es feo sentir que sólo te busquen para tirar. Me da coraje y los mando a la mierda”, me dijo la última vez que la vi, cuando se reprochaba porque aquel cuerpo que las gorditas envidian, es un desgraciado imán de deseos masculinos. Duda de la existencia de la amistad de los chicos, está convencida que navegará por aguas tormentosas siempre que cruce pasos con tipos pipilólogos.
Es cierto, no es la única mamacita con corazón, no es la única mujer que despierta sensaciones, y no será la última chica que desborde los límites de lo censurable. Ella es sólo una de muchas mujeres a quienes los chicos le sueltan los galgos, y ello se dará hasta el fin de los tiempos, Y chicos, si gustan un consejo: enamórense con los ojos cerrados.

miércoles, 24 de junio de 2009

Cómo es un EX????

Cuando eres expulsado de los dominios de una chica, o te alejas voluntariamente de ella, y te conviertes en el EX, es difícil saber cómo comportarse luego en el campo del post rompimiento. Es jodido entender qué pose debes asumir luego que te chotean con la mentirosa diplomacia de una mujer, o cuando huyes a punta de pie y con los zapatos en la mano.
Debo admitir que para mí siempre ha sido un dilema que coqueteaba con lo apocalíptico el hecho de encararla después de haberla oído decirme que el “amor” que sentía por mí se esfumó, que chapó con un “amigo” el día de nuestro aniversario, que “mis papis no me dejan tener enamorado” (y luego se comió todo el menú masculino del barrio), que “es mejor darnos un tiempo”, y otros tantos que pretextos pre fabricados por ellas. Cuando me las encontraba -en diferentes momentos claro- dudaba en saludarlas, o en siquiera mirarlas cuando nos cruzábamos por la calle, o nos encontrábamos en alguna tienda, disco, o en la misma universidad.
Pero es igual de complicado darles la cara luego que le dijiste: “Debemos terminar. No eres tú, soy yo, entiéndeme por favor”, “me he dado cuenta que no tengo tiempo para una relación, el trabajo -o los estudios- me consumen”, “tengo que viajar y es mejor que esto termine aquí”, “tus celos no nos permiten ser felices”, “lo nuestro ya no tiene sentido, se acabó”, y muchas otras frases tristemente célebres en este ejercicio de liquidar relaciones.
A veces llegas a convertirte en el EX porque ciertos intrusos suelen apedrear el paraíso, y tras una trifulca, desalojarte de este. Es posible que en algunos casos nos liberemos de una mujer cruel y tramposa, o que nos deprimamos al extremo de oír radios románticas, bajar baladas del youtube, escribir poemas rememorando el pasado que lo patearon, o visitar los lugares donde comías chocolates con ella.
Hace algunas semanas estaba en la chamba, entre cansado y moribundo. El messenger estaba abierto como puerta de escape al aburrimiento. De pronto apareció ella. Sospecho que me tiene como No Admitido en el MSN, y por eso es que aparece como fantasma, cuando menos lo espero.
Remedamos, al inicio, una conversación típica del MSN que pasó por un “cómo estas”, “y qué haciendo”, “cómo vas en la chamba”, hasta que intencionalmente la llevé al tema amoroso. Quería preguntarle sobre su condición sentimental vigente, y fue entonces cuando me aclaró que por ser el EX no podría revelarme lo que mi curiosidad me obligó a consultarle por el chat.
Entendí entonces que si una mujer te ve como un EX es peor que verte como un enemigo. Y es que no eres su amigo, pero tampoco su enemigo. Eres sencillamente el EX. No sé en qué grado de familiaridad me ubica esta condición, pero ella me refrescó mi distraída memoria.
“Creo que ese grado te permite conversar las mismas cosas que las amistades pero nunca habrá la confianza de una verdadera amistad”, recuerdo que me dijo ella al abordar el debate sobre los EX. Lo que luego me resultó extraño es que también quisiera saber de mi presente. Repliqué -como una suerte de revancha al pinchazo que me mandó- que si para ella los ex pasan desapercibidos en el presente, no hay por qué preguntarnos qué hacen o que dejan de hacer.
Motivado por este post, hice una pequeña encuesta a algunas EX (no son muchas, aclaro), y les pregunté -siempre por el chat- qué significaban para ellas esto. Claudia me dijo: “Si terminó contigo y ya no la quieres, pues trátala como una amiga, pero si aún sientes algo trátala con indiferencia”. Verónica por su parte agregó: “Una ex no siempre olvida, a veces se comporta incluso celosa porque le jode lo que hagas ahora con otra persona”. Finalmente Mariana sentenció: “Cuando te conviertes en el EX dejas de ser el gordito, papi, chinito lindo, bebé, y vuelves a ser Víctor Daniel, Jorge Luis, Roberto Carlos o Gerardo Manuel. Y eso pasa porque la relación murió, no seas pelotudo, no le das más vuelta al tema”.
Es medianamente sencillo decodificar las respuestas de las chicas. Si eres el amigo de una mujer sabes cómo comportarte. Cuando eres su enamorado o novio, también presumes y actúas según este estado. ¿Pero si estás en la línea media?
Por ser un pillo con las chicas algunas no quieren hablarme, otras son diplomáticas y asoman un saludo, algunas se convirtieron en buenas amigas, y muy pocas marcan distancia moderada por el chat, por teléfono o en persona. Y lo mismo sucede cuando he sido yo a quien han tronado (como dicen los mexicanos).
Chicos, debemos tener muy en cuenta que al terminar una relación de horas, días, semanas, años o siglos, hay que devolver los regalitos. Pero si diste “el peluchito” (no es el muñequito que compras en la tienda y recibe como obsequio), pues chica, no hay de otra, “diste el peluchito” (sí, es lo malicioso que se imaginan).

miércoles, 17 de junio de 2009

Cuánto tiempo dura el luto en el corazón????

Cuánto tiempo dura el luto en el corazón. Cuánto tiempo hay que llorar por el amor que se fue voluntariamente. Cuánto tiempo toma olvidar al ex y prestarle atención a otro u otra. Cuánto tiempo dura el maleficio del desamor. Cuánto tiempo padeceremos arrastrando recuerdos, que de ser dulces se volvieron agrios, tras oír un despiadado adiós.
Los cristianos católicos suelen vestirse de negro, para demostrarles a los demás que sufren por el ser que se fue. Dejan en el closet ropa multicolor, y visten íntegramente de negro, durante todo un año y de manera ininterrumpida.
No sé quién michi estimó en un año el tiempo clínicamente indicado para curar las heridas y no volver a sufrir por la pérdida, de quien escondido en un ataúd, partió lejos de nosotros. No entiendo por qué a alguien se le ocurrió sugerir que después de doce meses puede tomarte la licencia de resucitar al amor, y poner un letrero en la puerta de la casa, invitándolo a pasar y tomar un café (o té, para quienes detestan la cafeína).
Acaso hay que esperar un año, después de romper una relación amorosa, para iniciar otra. Quizá sí. O talvez más. Claro, hablo por aquellos que en verdad se enamoran, y no por los chicos y chicas de hormonas alborotadas.
Si una vida es insuficiente para olvidar los incansables paseos por la playa tomados de la mano, el regalo de cumpleaños en la cima del cielo, los papelitos que llegan por correo casero con frases dulces, las noches inenarrables al lado de la luna, creo que difícilmente un año bastará para enterrar esos recuerdos.
Un año es útil en la vida de los enamorados heridos, para entender -a la fuerza- que aunque hayan muchas hojas en blanco por escribir en tu vida, estas no las llenarás con historias suyas, porque simplemente se fue. Ya no está a tu lado en la cama, ya no te llamará al celular mil veces al día, nunca más besarás sus labios, no te dirá “te amo bebé”, ya no.
La intensidad con la que viviste días, meses o años con la persona que falleció, hará más dura la tarea de arrancarlo de tu corazón. Es relativamente fácil, cuando lo que los unió fue simplemente pasión, deseo carnal, ganas de estar encerraditos haciendo cositas.
Suele pasar que amigos tuyos te sugieran olvidarlo, rogándote que no llores más, que te fijes en el chico guapo del trabajo, en la chica que babea por ti, que apliques con sapiencia la política de que “un clavo saca otro clavo”.
Algunos se blindan hasta la sombra y con la intención de no resultar lesionados, no esperan mucho. Apenas unas semanas después de la ruptura con el dizque amor de su vida, empiezan otra relación, con el tipo o tipa que estaba tras sus huesitos, esperando que el titular pasara a la banca de suplentes. Al carajo con eso del luto del corazón.
Claudia, una amiga con la que suelo chatear con frecuencia, me aclara que es imposible tramar con el corazón el tiempo en que exterminarán un amor, aunque esté ausente. Que podemos dejar de sentir lo que nos llevó al cielo y nos estrelló en el pavimento, pero nunca, nunca olvidaremos lo vivido.
No podemos meternos en una congeladora, o esperanzarnos en que inventarán la maquina del tiempo, para curar nuestras penas sin embriagarnos en las lágrimas. La vida continúa, y por eso estamos obligados a no detenernos. Podemos frenar un tiempo para llorar y enterrar el dolor, guardar luto por el tiempo que nuestro propio corazón nos aconseje, pero seguir caminando.
Entiendo que para quienes están en proceso de asesinar el amor, no admiten que ella o él besarán a otro, o lo que es peor, que harán el amor con otra persona, que le dirán te amo a ese ser que no se imaginaron existía mientras se amaban. En fin, no hay por qué guardar luto en el corazón durante un año, ustedes determinen el tiempo, y no lloren más…

viernes, 12 de junio de 2009

Profe, sin ir muy lejos, en el paraíso está Ericksan...

Hace tres años te fuiste, pero te quedaste. Hoy recuerdo los secretos que cruzamos y los incansables días de amistad que abrazamos. Hace poco visite tu natal Salas, y vi a Wenshe y tu mami Lucy, también encontré al Chavo y al Tufo, y una foto tuya inmensa en la sala de tu casa. De seguro que hoy los chicos te recordarán. Algunos han partido, pero los que aún quedan estamos pensando en ir a misa o chuparnos un ron en tu nombre. Discúlpame que no pueda seguir escribiendo Ericksan y es que el teclado se mojó, estoy llorando porque retrocedo en el tiempo y te veo con los cerrados. Espérame que falta poco...

miércoles, 10 de junio de 2009

Guardar amor pa’ mayo

¿Se tiene que ahorrar el amor?. ¿Podemos ingresar el amor a una suerte de cuenta corriente y ganar intereses con el tiempo?, ¿Se puede dosificar el amor?, ¿Es imperioso invernar una relación de pareja para no perder la próxima primavera?, ¿Es necesario guardar amor pa’ mayo?.
Me hago todas estas preguntas porque he podido entender en mi minúscula experiencia en abatares amorosos, que una relación tiende a ir de picada, a caer al abismo, y hasta suicidarse, cuando esta es bombardeada por exageradas -y contraproducentes- muestras de aprecio hacia la otra parte, o porque los problemas conyugales llegan a imponerse, distrayendo a nuestra naturaleza humana, y dinamitando nuestro corazón.
Sé que el amor es un sentimiento libre de conceptos semánticos, y expresado de mil formas. Sé que el amor tiene la capacidad de pintar de colores una pared blanca, en tan solo un segundo. Pero sé también que muchas veces el amor no resiste la arremetida de los distintos problemas que la sociedad nos regala a diario, sin ser nuestro cumple. A veces, el amor estalla en nuestra cara.
Así como ahorramos nuestro billete para cuando tengamos una urgencia económica posterior, de esas que nunca faltan, ¿tenemos que ahorrar amor para cuando este se ausente de nuestros corazones?. Y es que una relación suele tener un punto de quiebre, donde la crisis nos sacude, y creemos que el amor se agotó, que ya no hay ahorros en la bóveda.
Cuando inicias una relación -de chibolo o adulto- es claro que eres un rebelde atolondrado cuya causa legítima es atraer hacia tu corazón enbobado a quien sin proponérselo te quita el sueño. El segundo paso del plan, es mantener contigo durante el mayor rato posible a ese ser amado. Y hablo, aclaro, de aquellos que en verdad se enamoran, no de los que piensan en agarres, ellos están descartados, al menos de este post.
De enamorados -recordemos- te esmeras por vestirte bien, perfumarte, que tu mal aliento no te delate, ingresas al gimnasio para no desbordar tus defectos abdominales, llegas puntual a las citas, dejas de ir a jugar fulbito y full vaso con los amigos, compras rosas, chocolates o peluches, escribes poemas y dibujas corazones para decorar el papel, cuando estas borracho le llevas serenata -aunque sea con la tuna de la universidad- recargas constantemente tu celular para llamarla todos los días y a cada hora, la esperas a la salida de clase o de la chamba. En conclusión, haces hasta lo impensado cuando eras un nómada.
No es que sea fanático de las telenovelas, pero no puedo negar que las he visto, sobre todo las mexicanas. En ese mundo fantasioso, el galán y la sufrida protagonista, se juran amor eterno -en público y caleta- se alucinan morir el mismo día y que su amor se prolongue hacia el otro mundo, y posiblemente reencontrarse en la reencarnación de cuerpos. Pero ellos, también se mandan al carajo, se cansan de las llamaditas insistentes y jodidas, de los celos, de hacer cositas seis y no siete veces a la semana, se mechan porque él prefiere ir a jugar fútbol con los amigos o chupar y no ir al cine con ella, o peor, cenar en la casa de los chinchosos suegros.
Lo que sucede en las telenovelas mexicanas, y en menor proporción en los remedos brasileños y peruanos, sucede también en la realidad, evidenciando que el amor no tiene porque ser inmortal, que en ocasiones por -culpas compartidas- el amor empieza a deteriorarse, a envejecer, a resistirse a vivir.
Cuando una pareja ha sabido dosificar el amor durante la etapa de enamorados, y llegan a casarse convencidos que lo suyo será eterno, no significa que estén blindados y puedan vivir con la seguridad que tienen amor suficiente y que no habría por qué ahorrar con el corazón y guardar amor pa’ mayo.
En la vida matrimonial las preocupaciones son otras, tienes que pagar el alquiler del depa, el colegio de los muchachos, comprar las cosas para la alacena de un mes y hasta tu regalo por el día del padre. En este escenario, el amor se desinfla por discusiones relacionadas a lo económico, a lo que falta y no tenemos.
Pero las broncas también se generan, porque él ya no compra chocolates o rosas, y menos peluches, espera picar un rosa artificial que le regalan a sus compañeras de trabajo para llevarle una a su esposa por el día de la madre, compra DVDs piratas -y una quina de canchita- y no va al cine con ella, olvidó las serenatas y sólo canta borracho, jodiendo. Y si llama por teléfono, es para decir que llegará tarde a casa.
Ver a una pareja de ancianos -analizando otra figura- no necesariamente puede ser un cuadro digno de resaltar, pues en ocasiones, el lazo que los mantiene unidos es la necesidad de complementar las urgencias del otro, y no el amor que en el siglo pasado los unió. No es una regla general ya que el amor puede acampar de por vida en sus dulces y envidiadas arrugas.
Tomemos en cuenta que una relación que pueda llamarse amorosa, no tiene fecha de caducidad. Depende de nosotros cuando termina. El guardar amor pa’ mayo pasa por no dejar de expresar nuestro amor pero en el momento y tiempo indicado, evitar asfixiar a tu pareja, darle espacio, compartir lo tuyo y oír lo de ella, cantar sin guitarra, decirle que la amas, caminar y no correr. En este año de crisis financiera, pareciera que el amor también ha pagado los platos rotos. Suerte en el ahorro…