miércoles, 9 de septiembre de 2009

Blusas con blindaje...

Cada día es más complicado conquistar a una mujer. Ahora, a diferencia de años pasados, para cortejar a una chica tienes que tener en cuenta que dejaron de ser confiadas, que ya no creen en los rostros bonitos, que dudan que puedes serles eternamente fieles, que temen decirte “sí” y arriesgarse a sufrir, que si les dices “rosado” dudan y piensan que disfrazaste al rojo. Los tiempos han cambiado y ellas también. Por consenso le dijeron adiós a la ingenuidad.
Las mataperradas de los hombres contadas a lo largo de la historia colonial y republicana, y vividas por las mismas chicas en experiencias pasadas, hacen que con inteligencia tomen sus previsiones, ahora usan blusas con blindaje. Es imposible que no gusten de los chicos, y sueñen con el príncipe azul, pero ahora se detienen a pensarlo, y si es posible, enviar toda declaración amorosa a un laboratorio clínico para analizar la veracidad de las palabras.
Quienes la pasan mal con esta mutación femenina son los chicos que en verdad se enamoran y aspiran galantear a la mujer que pintó flores en sus ojos y su corazón, pero que a la vez le rehúye por temores comprados y regalados. Ellos tienen que luchar contra la imagen de los chicos floreros, de esos que fabrican al por mayor palabras tiernas para canjearlas por un “sí” con el único fin de inflar su estúpido ego masculino y colocar por debajo de la última conquista el nombre de la víctima estrenada. Tienen que convencerlas que no son de los que miran potos cuando se cruza una chica imán, de esas que atraen miradas masculinas; que dejaron de ser los que cruzan fotos de ex enamoradas desnudas, que tienen corazón y no un iceberg en el pecho.
Las rosas que puedan enviar acompañadas de una tarjeta con dedicatoria fresa, o las serenatas con mariachis, son fórmulas que a las chicas, las invitan a la duda. Al toque piensan: “este won quiere levantarme”. Alguna invitación a tomar vino, es entendida como el preámbulo a una noche desenfrenada donde los deseos sexuales los hará perder los papeles, y en algunos casos, algo más que eso.
Confiados en que sus hermanas no los censurarán, existe aún un grupo de chicos que cuenta sin reparo y sin saltarse detalles, las últimas de las aventuras pasajeras con las chicas del colegio, la academia, la universidad o el trabajo. Hay otros muchachones que lucen sus medallas y charlan abiertamente con sus amigas sobre sus últimos agarres. Lo que esos tíos no saben es que su fama puede multiplicarse y hacer que las chicas crean menos en sus palabras, pero lo más jodido, es que terminar de pulir la imagen de gárgola que las mujeres tienen de nosotros los hombres.
Eso que todos los hombres son iguales, entendiéndose por pendejos, es medianamente cierto. Insisto, hay quienes sí se enamoran y no florean, hay quienes aman, y no buscan un affair de fin de semana o de vacaciones de verano.
Debemos entender que la vida no es una máquina expendedora que te arroja una lata de felicidad en forma de cola, luego de ingresarle un par de monedas. No hay porque usar blusas con blindaje, porque por previsión, pueda que ustedes, chicas, espanten al amor de su vida. No está mal andar con pies de plomo, y aunque no es necesario correr como velocista olímpica, valdría la pena ir al ritmo de vuestro corazón, de que seguro no les defraudará.
Vamos chicas, es hora de mandar de vacaciones los temores. No olviden que librarse del miedo es como quitarse la ropa delante de alguien, a veces cuesta, pero cuando empiezas, lo único que tienes que hacer es seguir, sin dudar. Y de repente te das cuenta que el miedo no te pertenece, ha desaparecido, como esa ropa que un día dejaste usar… Suerte

miércoles, 26 de agosto de 2009

Todo lo que digas o hagas será usado en tu contra…

Cuando la Policía captura a un delincuente, le advierte, mientras le coloca las marrocas, que cualquier palabrita o palabrota, frasecita o frasezota, que diga, podría ser usada en su contra cuando sea juzgado. El combo Nº 1 de advertencias policiales incluye además la imposibilidad de hacer algún amago de fuga, pues cualquier acción que simule una falta será considerada también para mandarlo a prisión. Con un discurso tácito, le piden que -por su bien- compre silencio, que se inmovilice, que no joda.
Es cierto que a veces es mejor callar y no decir o hacer nada. También es verdad que existen terrenos en los que es mejor no minarlo para poder caminar con libertad. Los psicólogos, y a veces los amigos, nos aconsejan dejar el complejo suicida del talibán, y no inmolarse por ideas románticas.
Quizá porque no soy un puto cangrejo, y no retrocedo en nada de lo que hago, es que en los últimos días una de mis mansas acciones ha sido la excusa perfecta para darme con palo. Definitivamente pude no hacerlo, pero me animé a lanzarme y ser pillado en el intento.
Desde que descubrí a Gianmarco Zignago en los noventa, gusto de su arte, de la forma en que retrata los amores y desamores, en letras de canciones que luego nos regala. Me vacila que no abandone su sencillez y que siga siendo el tío de barrio que no abraza la vanidad. Lo he oído en las radios, lo he visto por la tele, he comprado cassettes y discos suyos, he cantado “Canción de amor”, “Dos Historias”, “Te Mentiría”, “Gota de Lluvia”, “Después de mí”, en fogatas de amigos, y en los últimos tres años, además de comprar “La Madera del Alma” (su primer libro) he ido religiosamente a los conciertos que ofreció en Chiclayo, la ciudad donde vivo. Si tengo que bajar canciones del youtube, él encabeza la lista de mis preferencias musicales.
En la última semana, Gianmarco llegó nuevamente a Chiclayo para ofrecer cinco conciertos. Desde que hicieron la promoción en los medios, sabía que tenía que estar en el teatro Dos de Mayo, donde daría el show. No dudaba en que estaría en una de las butacas del teatro, gritando sus canciones, y emocionándome con las letras hipnotizadoras de las baladas.
Empecé a hacer méritos para ganarme la condena de amigos y compañeros de trabajo, cuando me incorporé al grupo de chicas que compartían conmigo el gusto por Gianmarco. En honor a la verdad, debo aclarar que hace tres años me registré -sin nadie que me apunte un arma a la cabeza- en el portal de fan de Gasparín, y que recibo información suya en mi correo electrónico.
Aprovechando que la enamorada de un buen -y oscuro- amigo es la presidenta del club de fans en Chiclayo, opté por matricularme en este grupo de muchachonas, que decidieron venerar al pelao en su travesía por la Ciudad de la Amistad. Madrugué a las 4:00 de la mañana, para ir al aeropuerto, ya que una hora después, Gianmarco aterrizaba en Chiclayo. El primer contacto con el pelao fue captado por cámaras fotográficas y de video. Esas imágenes fueron compartidas luego con quienes se convertirían en mis implacables verdugos.
Con la sola intención de joder, me etiquetaron de gay (lo cual, para mí, no es ofensivo, porque respeto a los gay). Los críticos no concebían que un hombre sacrifique horas de sueño por ir a recibir a otro hombre, no admitían que haya comprado un polo del club de fans. A las chicas, les perdonaban la ofrenda a Gianmarco, pero a mí, por no ser ella y sí él, me mandaron a la horca, censurándome.
Pero ahí no terminó todo. Para el primer concierto donde iríamos los fans, hicimos una previa, como un calentamiento a la pichanga que nos mandaríamos luego en el teatro. Alistamos vivas a “Gianni” y ensayamos canciones suyas. Ya fuera del teatro, cantamos y avivamos los ánimos del público que formaba la cola para ingresar al show. Ese momento, en el que además portaba el cartel más grande con frases cariñosas a nuestro artista, fue documentado en fotografías, captadas por un puñalero amigo (te quiero negro), quien se tomó la licencia de enviarlas a los correos de quienes ahora me joden.
No me arrepiento de ser fan de Gianmarco, y de haber hecho todas esas medias locuras en los últimos días, pues son una cadena de locuras mayúsculas que voluntariamente hice motivadas por él. Acepto con aplomo las jodas que me hacen ver como un “chico rosa”. Lo que no admito es que limiten la joda sólo a mí, que no la hagan extensiva con quienes han colaborado para que me carguen con bromas pesadas.
Chicho, el enamorado de la presidenta del club de fans, se ha colado con astucia en los conciertos, y ha lucido el mismo polo de fanático que yo, ha saltado y gritado con mayor intensidad a este blogger, y ha sujetado los mismos carteles “fresitas” dirigidos para Gianni, y que incluso ayudó a elaborar. La diferencia es que él se encargó de no repartir las fotos que lo delatan. Así que, no jodas negro.
Caliche es otro buen chico. Estar tras los huesitos de una también fan, hizo que este tío -que se dedicó a bombardearme con fotos- fuese al aeropuerto a pegarla de fotógrafo y colarse a los conciertos del pelao. Él también está con roche.
Vamos, que no quiero limpiar mi imagen, porque no está manchada. Gustar de un artista no es un delito que tenga que pagar. Pero eso sí, equilibremos la balanza de la joda… igualdad papai…

miércoles, 22 de julio de 2009

La perdió, pero ganó...

En agosto, el 13, Manu, mi primer hijo, cumplirá seis años. Pinta sus días de infancia de ratos alegres. Pero ayer la pasó mal. El enano me llamó al celular, y llorando me dijo: papi, me duele la muela, parece que la perderé. La tarde se me iluminó, la joda del trabajo de pronto se aligeró, y me alegré porque el “Chucky” compartió conmigo su dolor, me empaquetó algunas lágrimas para llorar con él. “No sé si pueda resistirlo papá”, insistió Manu, acorralándome contra la pared, y apurando un consejo que calme la odisea del primer diente perdido.
Había pasado bastante tiempo desde que a mí me sucedió, y la experiencia más cercana era la de mi hermana menor que ahora tiene veinte años. En un segundo -a lo Oliver Atton de los Supercampeones cuando va a disparar el tiro con efecto- recordé que mi mamá con caricias en mi cabeza se limitaba a consolarme cada vez que veía disminuida mi dentadura de niño, mientras mi papá que hacía notar que a diferencia de otras cosas que perdemos, aquellos dientes volverían un tiempo después.
Traté de remedar la receta de mis viejos, que entiendo surtió mediano efecto conmigo. Pero a Manu, poco le importaba si su diente volvería, simplemente no quería despedirse de él. Y no es que le tuviera aprecio a aquel diente en agonía, sino que le aterraba la idea que en el colegio sus compañeros de clase lo jodieran por el extravío involuntario de su muelita.
Las vacaciones forzadas por la gripe AH1N1 aplazarían la joda por una semana más, pero Manu tenía razón: en algún momento, uno de esos niños despiadados advertiría que el flaco perdió el diente, e inventarían una joda quizá más ingeniosa a la antiquísima Cindy (de sin dientes) o cierra la ventana (por la apertura en la dentadura). Era inevitable ser el blanco de las burlas en el aula donde Blanca Nieves o el Oso Pooh, pegados en la pared del salón, podían hacer poco por rescatar a Manu de la avalancha de jodas fabricadas por manos pequeñas.
Es cierto, con Manu tenemos diferencias de ideas, centradas básicamente porque él -con un criterio obtuso e infantil- decidió ser hincha de la U, y yo soy aliancista a morir. Pero en lo que coincidimos es en que nos amamos hasta la eternidad, y quizá, un poquito más allacito. Y por eso, no podía sumarme a la burla, y hacer leña de la muela caída. Tenía que inventar algo y rápido, porque Manu oía mi silencio responderle por el celular.
“Papá, estas ahí”, preguntó Manu, recriminando con delicadeza mi ausencia en la conversación. “Sí, mi amor”, respondí. “Y qué hago con el dolor de muela, no quiero que me la saquen”, dijo, volviendo al ataque de las preguntas. Así que recurrí a la historia del ratoncito, ese personaje cómplice que a cambio de llevarse el diente de tu hijo le ofrece al inocente embaucado, algo de dinero para no alargar el llanto. Lo jodido de este trueque es que es financiado por los padres.
Con Manu aún preocupado por su destino en las próximas horas, me dediqué a explicarle -a través del celu- la negociación que haríamos con el ratoncito, y el aporte que debía hacer, como una suerte de inversión que luego recuperaría con creces.
“Escucha con atención rey: Es cierto que cuando pierdas tu muelita, te dolerá, pero hay una buena noticia”, le dije a un intranquilo Manu. ¿Qué?, preguntó. “Cuando se caiga tu diente, podrás colocarlo bajo tu almohada al momento de ir a dormir, y al despertar al día siguiente, encontrarás algo de plata que un ratoncito te dejará a cambio de tu muelita que se llevó”, le dije a Manu, procurando no obviar ningún detalle sobre el trato con el roedor invisible. “Ok papi”, sentenció Manu.
Al llegar a casa por la noche, Manu me recibió con una sonrisa distinta, a lo Chilindrina, sin el diente que lo acompañó por algunos años. Luciana, mi esposa, me narró cómo Manu huía del dolor, cómo se trepaba por las paredes, hasta cuando cayó rendido y perdió el jodido diente.
Manu, atento a la negociación clandestina que hicimos por teléfono, y a la que sumamos luego a su mamá, me mostró el diente que despediríamos antes de esconderlo bajo la almohada. Tomó su leche, se lavó los dientes que sobrevivieron, y camufló la muelita bajo su almohada, no tan al fondo, como para que el ratoncito la encuentre fácil y pueda dejar el billete.
Con Luciana, por la madrugada, retiramos la muelita mientras el flaco soñaba con vacacionar en el Caribe, y depositamos el dinero como lo habíamos pactado -indirectamente- con Manu. No precisaré cuánto ingresamos a la inaugurada cuenta corriente de nuestro hijo, pero no pecamos de avaros. Sólo espero que este negocio no le resulte rentable a Manu, y no se auto-reviente los dientes para costear sus gastos… Te amo rey.

miércoles, 15 de julio de 2009

Se escapó de llamadas recibidas…

Sara le entrega su celular a Lucas. Le pide que lo cheque. El revisa y no encuentra ninguna alteración aparente. Ella insiste y le pide ingresar a la bandeja de “llamadas recibidas”. Lucas sigue la ruta trazada y al repasar la lista encontró llamadas retenidas, de amigos de Sara, de su padre, de compañeros del trabajo. Y al no ver nada extraño, preguntó qué debía pillar en medio de su sorpresa. ¿Hay alguna llamada tuya?, le preguntó Sara a Lucas. “No”, respondió él. “Que no se repita que pase un día y no me llames”, replicó Sara. Entonces él, para parchar el roche, toma su celular y a un paso de ella, la llama. Sara contesta y atiende el pedido de Lucas de invitarla a salir, a lo que ella responde con una sutil choteada, diciendo que le encantaría, pero “tengo una reunión de trabajo”. Luego Sara partió con una sonrisa dibujada en su rostro de ángel, y con el celular cómplice en la mano.
Pueda que crean que Sara es una mujer posesiva, absorvente, que quiere que Lucas esté siempre al pendiente de ella, que no trabaje, y si respira, que sea por ella. Pero no, no es así. Es una mujer que sintonizó su corazón con el de Lucas, rindiéndose al amor que él le inspira. Sara, ha demostrado con hechos y no palabras, que ama a Lucas, y él, se esfuerza por hacer lo mismo, pese a que la ama con intensidad inmedible.
Moriría en el intento de narrar las infinitas horas de amor e historias intermedias que Sara y Lucas vivieron juntos. Sobreviviré al contarles que ambos empezaron a pellizcarse los brazos, luego a puntearse con lápices en el ojo, y finalmente lanzarse piedras al corazón. De pronto, parieron heridas engendradas por las broncas. Todo cambió. Ya nada era igual.
Recuerdo haberle oído decir a Sara que si Lucas saltaba a un abismo sin paracaídas, ella iba tras suyo y sin alas. O que si a Lucas lo herían de un balazo, ella sangraba. Lucas por su parte, le regaló un mapamundi hecho globo, y le pidió girarlo para luego frenar con su dedo en el lugar en el mundo donde irían a vivir su amor, a solas, lejos de la mierda que los perseguía. Y es que el suyo era un amor imposible por terceros, no por ellos.
La última vez que hicieron el amor, Lucas dejó huir una lágrima. Ella, después de aquella noche, le regaló un abrazo, y le prometió que nunca lo olvidaría, que aunque desfilen algunos otros hombres en su andar por este mundo, él sería el amor de su vida. Lucas se vistió con la tristeza en los bolsillos, porque no volvería a ver el lunar en su espalda.
El primer día después del adiós fue terrible. Ambos querían tomar el celular y llamar al otro. Se contenían. Luchaban contra ellos mismos, y lloraban. Era inevitable no extrañar, era harto fácil recordar, y menos complicado, no sufrir. Se resistían a ser consolados por manos amigas, pateaban piedras y latas mientras caminaban por calles vacías como su corazón que desalojó al amor invasor.
Cumplido un mes desde la lágrima de Lucas, Sara checó las últimas llamadas recibidas en su celular. Lucas no estaba en la lista. Lucas se escapó de la bandeja de llamadas recibidas, y se escondió en la ducha, aferrado a la amargura del fin de una historia repudiada, odiaba por la broma pesada que le jugó la vida, y él mismo.
Todos alguna vez hemos tropezado con el punto final de una historia, hemos protagonizado desenlaces llorones, y hemos gritado en el silencio por la rabia contenida de no poder recuperar lo imperdible. Me ha pasado a mí, y te ha pasado a ti que me lees. Posiblemente vuelvas a revisar tu celular, y el o ella, habrán huido con Lucas de la bandeja de llamadas recibidas.
A veces es válido aplicar la fórmula del payaso: reír mientras tu corazón y alma lloran. A veces es bueno dejar partir a los recuerdos que a diario nos martirizan. A veces sería estupendo no revisar más las últimas llamadas en el celular, y timbrarle a la felicidad que está de vacaciones. Quizá vuelva, quizá no. Suerte amigos…

PORSIACA. El último miércoles mientras alistaba un nuevo post me asaltó la mierda por un problemilla que afortunadamente maté. Eso me impidió escribir, mi mal humor me detuvo. Me disculpo en caso hayan esperado el post de la semana pasada y no lo encontraron. No volverá a suceder.

miércoles, 1 de julio de 2009

Mamacita con corazoncito...

Es guapísima, extremadamente bella, de curvas infernales y angelicales, es el dibujo perfecto de un sueño inolvidable, es de esas mujeres con las que cualquier hombre quisiera estar. Pero justamente eso es lo que ella detesta, odia que los chicos se le acerquen con la única intención de querer hacer cositas ricas. Y le jode, porque no es de las chicas que estilen tirar con uno y otro, es de las chicas que hasta antes de las múltiples decepciones amorosas -en los últimos cinco años- soñaba con el príncipe azul, pero entiendo ahora que alguien lo bajo del caballo.
Si tuviera que lanzar una moneda a la pileta y pedir un deseo, sería el no ser vista con ojos mañosos, de esos que la ven desnuda caminando por la calle, o sobre una cama, jadeando deseosa. Quisiera -con justo derecho de mujer- que le lleven flores, le dediquen poemas, canciones, ir al cine, a la playa, al parque, recibir serenatas, ser la media naranja de alguien, pero claro, sin que el conquistador disfrazado mire de reojo al depa o el hotel al quiere llevarla entre coqueteos y empellones.
Las veces que ella se enamoró se topó con unos tipejos, la engañaron, la sedujeron con el malévolo y pre fabricado propósito de llevarla a la cama. Algunos pocos -sospecho- lograron presentarse como hombres enamorados, encandilados por su corazón. Y ella, confiada en ese amor mentiroso, posiblemente se entregó, pero luego descubrió que ellos sólo querían intimar.
No pretende ser monja y tiene claro que seguirá saliendo a discotecas los fines de semanas y cheleará con sus amigos, pero nunca más quisiere sentirse en el mismo nivel que preservativo, no quiere que la usen y la desechen. No permitirá que ningún otro sujeto la maltrate, se protege siendo indiferente y dispara contra el príncipe que cabalga hacia ella.
Quiere, pero se rehúsa a creer en palabras bonitas, pues comprende que los chicos la utilizan para programar un tour sexual con ella, y sin consultarle. Aún gusta de los chicos guapos, pero de ellos, dice que son los peores.
Sabe que no puede retroceder el tiempo y vivir eternamente como niña, lejos de las curvas que enloquecen a los chicos con los que se cruza. A veces llora porque quisiera volver a jugar a las muñecas, pero no que jueguen con ella. Planea no tener hijos y seguir criando a su perrita. Y morir a los cincuenta, pues dice que no tolerará las arrugas en su rostro y cuerpo, y menos, los achaques que le regala la ancianidad.
“Es feo sentir que sólo te busquen para tirar. Me da coraje y los mando a la mierda”, me dijo la última vez que la vi, cuando se reprochaba porque aquel cuerpo que las gorditas envidian, es un desgraciado imán de deseos masculinos. Duda de la existencia de la amistad de los chicos, está convencida que navegará por aguas tormentosas siempre que cruce pasos con tipos pipilólogos.
Es cierto, no es la única mamacita con corazón, no es la única mujer que despierta sensaciones, y no será la última chica que desborde los límites de lo censurable. Ella es sólo una de muchas mujeres a quienes los chicos le sueltan los galgos, y ello se dará hasta el fin de los tiempos, Y chicos, si gustan un consejo: enamórense con los ojos cerrados.

miércoles, 24 de junio de 2009

Cómo es un EX????

Cuando eres expulsado de los dominios de una chica, o te alejas voluntariamente de ella, y te conviertes en el EX, es difícil saber cómo comportarse luego en el campo del post rompimiento. Es jodido entender qué pose debes asumir luego que te chotean con la mentirosa diplomacia de una mujer, o cuando huyes a punta de pie y con los zapatos en la mano.
Debo admitir que para mí siempre ha sido un dilema que coqueteaba con lo apocalíptico el hecho de encararla después de haberla oído decirme que el “amor” que sentía por mí se esfumó, que chapó con un “amigo” el día de nuestro aniversario, que “mis papis no me dejan tener enamorado” (y luego se comió todo el menú masculino del barrio), que “es mejor darnos un tiempo”, y otros tantos que pretextos pre fabricados por ellas. Cuando me las encontraba -en diferentes momentos claro- dudaba en saludarlas, o en siquiera mirarlas cuando nos cruzábamos por la calle, o nos encontrábamos en alguna tienda, disco, o en la misma universidad.
Pero es igual de complicado darles la cara luego que le dijiste: “Debemos terminar. No eres tú, soy yo, entiéndeme por favor”, “me he dado cuenta que no tengo tiempo para una relación, el trabajo -o los estudios- me consumen”, “tengo que viajar y es mejor que esto termine aquí”, “tus celos no nos permiten ser felices”, “lo nuestro ya no tiene sentido, se acabó”, y muchas otras frases tristemente célebres en este ejercicio de liquidar relaciones.
A veces llegas a convertirte en el EX porque ciertos intrusos suelen apedrear el paraíso, y tras una trifulca, desalojarte de este. Es posible que en algunos casos nos liberemos de una mujer cruel y tramposa, o que nos deprimamos al extremo de oír radios románticas, bajar baladas del youtube, escribir poemas rememorando el pasado que lo patearon, o visitar los lugares donde comías chocolates con ella.
Hace algunas semanas estaba en la chamba, entre cansado y moribundo. El messenger estaba abierto como puerta de escape al aburrimiento. De pronto apareció ella. Sospecho que me tiene como No Admitido en el MSN, y por eso es que aparece como fantasma, cuando menos lo espero.
Remedamos, al inicio, una conversación típica del MSN que pasó por un “cómo estas”, “y qué haciendo”, “cómo vas en la chamba”, hasta que intencionalmente la llevé al tema amoroso. Quería preguntarle sobre su condición sentimental vigente, y fue entonces cuando me aclaró que por ser el EX no podría revelarme lo que mi curiosidad me obligó a consultarle por el chat.
Entendí entonces que si una mujer te ve como un EX es peor que verte como un enemigo. Y es que no eres su amigo, pero tampoco su enemigo. Eres sencillamente el EX. No sé en qué grado de familiaridad me ubica esta condición, pero ella me refrescó mi distraída memoria.
“Creo que ese grado te permite conversar las mismas cosas que las amistades pero nunca habrá la confianza de una verdadera amistad”, recuerdo que me dijo ella al abordar el debate sobre los EX. Lo que luego me resultó extraño es que también quisiera saber de mi presente. Repliqué -como una suerte de revancha al pinchazo que me mandó- que si para ella los ex pasan desapercibidos en el presente, no hay por qué preguntarnos qué hacen o que dejan de hacer.
Motivado por este post, hice una pequeña encuesta a algunas EX (no son muchas, aclaro), y les pregunté -siempre por el chat- qué significaban para ellas esto. Claudia me dijo: “Si terminó contigo y ya no la quieres, pues trátala como una amiga, pero si aún sientes algo trátala con indiferencia”. Verónica por su parte agregó: “Una ex no siempre olvida, a veces se comporta incluso celosa porque le jode lo que hagas ahora con otra persona”. Finalmente Mariana sentenció: “Cuando te conviertes en el EX dejas de ser el gordito, papi, chinito lindo, bebé, y vuelves a ser Víctor Daniel, Jorge Luis, Roberto Carlos o Gerardo Manuel. Y eso pasa porque la relación murió, no seas pelotudo, no le das más vuelta al tema”.
Es medianamente sencillo decodificar las respuestas de las chicas. Si eres el amigo de una mujer sabes cómo comportarte. Cuando eres su enamorado o novio, también presumes y actúas según este estado. ¿Pero si estás en la línea media?
Por ser un pillo con las chicas algunas no quieren hablarme, otras son diplomáticas y asoman un saludo, algunas se convirtieron en buenas amigas, y muy pocas marcan distancia moderada por el chat, por teléfono o en persona. Y lo mismo sucede cuando he sido yo a quien han tronado (como dicen los mexicanos).
Chicos, debemos tener muy en cuenta que al terminar una relación de horas, días, semanas, años o siglos, hay que devolver los regalitos. Pero si diste “el peluchito” (no es el muñequito que compras en la tienda y recibe como obsequio), pues chica, no hay de otra, “diste el peluchito” (sí, es lo malicioso que se imaginan).

miércoles, 17 de junio de 2009

Cuánto tiempo dura el luto en el corazón????

Cuánto tiempo dura el luto en el corazón. Cuánto tiempo hay que llorar por el amor que se fue voluntariamente. Cuánto tiempo toma olvidar al ex y prestarle atención a otro u otra. Cuánto tiempo dura el maleficio del desamor. Cuánto tiempo padeceremos arrastrando recuerdos, que de ser dulces se volvieron agrios, tras oír un despiadado adiós.
Los cristianos católicos suelen vestirse de negro, para demostrarles a los demás que sufren por el ser que se fue. Dejan en el closet ropa multicolor, y visten íntegramente de negro, durante todo un año y de manera ininterrumpida.
No sé quién michi estimó en un año el tiempo clínicamente indicado para curar las heridas y no volver a sufrir por la pérdida, de quien escondido en un ataúd, partió lejos de nosotros. No entiendo por qué a alguien se le ocurrió sugerir que después de doce meses puede tomarte la licencia de resucitar al amor, y poner un letrero en la puerta de la casa, invitándolo a pasar y tomar un café (o té, para quienes detestan la cafeína).
Acaso hay que esperar un año, después de romper una relación amorosa, para iniciar otra. Quizá sí. O talvez más. Claro, hablo por aquellos que en verdad se enamoran, y no por los chicos y chicas de hormonas alborotadas.
Si una vida es insuficiente para olvidar los incansables paseos por la playa tomados de la mano, el regalo de cumpleaños en la cima del cielo, los papelitos que llegan por correo casero con frases dulces, las noches inenarrables al lado de la luna, creo que difícilmente un año bastará para enterrar esos recuerdos.
Un año es útil en la vida de los enamorados heridos, para entender -a la fuerza- que aunque hayan muchas hojas en blanco por escribir en tu vida, estas no las llenarás con historias suyas, porque simplemente se fue. Ya no está a tu lado en la cama, ya no te llamará al celular mil veces al día, nunca más besarás sus labios, no te dirá “te amo bebé”, ya no.
La intensidad con la que viviste días, meses o años con la persona que falleció, hará más dura la tarea de arrancarlo de tu corazón. Es relativamente fácil, cuando lo que los unió fue simplemente pasión, deseo carnal, ganas de estar encerraditos haciendo cositas.
Suele pasar que amigos tuyos te sugieran olvidarlo, rogándote que no llores más, que te fijes en el chico guapo del trabajo, en la chica que babea por ti, que apliques con sapiencia la política de que “un clavo saca otro clavo”.
Algunos se blindan hasta la sombra y con la intención de no resultar lesionados, no esperan mucho. Apenas unas semanas después de la ruptura con el dizque amor de su vida, empiezan otra relación, con el tipo o tipa que estaba tras sus huesitos, esperando que el titular pasara a la banca de suplentes. Al carajo con eso del luto del corazón.
Claudia, una amiga con la que suelo chatear con frecuencia, me aclara que es imposible tramar con el corazón el tiempo en que exterminarán un amor, aunque esté ausente. Que podemos dejar de sentir lo que nos llevó al cielo y nos estrelló en el pavimento, pero nunca, nunca olvidaremos lo vivido.
No podemos meternos en una congeladora, o esperanzarnos en que inventarán la maquina del tiempo, para curar nuestras penas sin embriagarnos en las lágrimas. La vida continúa, y por eso estamos obligados a no detenernos. Podemos frenar un tiempo para llorar y enterrar el dolor, guardar luto por el tiempo que nuestro propio corazón nos aconseje, pero seguir caminando.
Entiendo que para quienes están en proceso de asesinar el amor, no admiten que ella o él besarán a otro, o lo que es peor, que harán el amor con otra persona, que le dirán te amo a ese ser que no se imaginaron existía mientras se amaban. En fin, no hay por qué guardar luto en el corazón durante un año, ustedes determinen el tiempo, y no lloren más…